Comenta Viktor Frankl:
“Cuando el éxito se identifica con el sentido de la vida, y el fracaso con la desesperación, resulta inevitable recurrir al doping.
Al hacer del éxito un absoluto, identificado con el sentido de la vida, el hombre utiliza todos los medios, lícitos o no, para alcanzarlo. Es empujado a esto por una sociedad que valora sólo al que llega a la meta, que exalta sólo la competencia y la capacidad de ser el primero.
Doparse para obtener el éxito significa evitar el fracaso, el fallo, la desesperación.
Y no creo que esto tenga mucho que ver con el empeño deportivo por superar los propios límites, por ponerse a prueba” (“Avvenire”, Marzo, 1990).
Todo esto germina en una incapacidad para comprender que alguien pueda amar a las personas por lo que son y no necesitasen afanarse día tras día por comprar la admiración de los demás o la propia autoestima. El deporte ahora es parte del accionar de las personas, ya no nada más es una actividad cualquiera, nos habla de la profundidad del ser humano.
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